viernes, 19 de agosto de 2016

Departamento de especulaciones

Las personas podrían clasificarse de modos muy diferentes. Están las que llaman después de la primera cita y las que desaparecen del mapa y nunca más vuelves a saber de ellas. Están las que creen en Dios y las que creen en sí mismas. Están las que desean con todas sus fuerzas llegar al final de Departamento de especulaciones y las que desearían tatuarse cada extracto en un trozo deshabitado de su propia piel. Yo nunca llamo primero, tartamudeo al hablar de mí y no quería llegar al final. No me siento parte de ninguna clase elegida. Pero creo fielmente en los libros esquivos. En esa clase de libros cuya lectura te deja aparentemente con la sensación de que nada ha tenido lugar y que, sin embargo, no puedes quitarte de la cabeza durante las siguientes semanas. Libros que siembran una idea en tu cabeza sin que te des cuenta, sólo para hacerte creer que esa idea es tuya y hacerla fuerte y enraizarla profundo. Libros de los que Christopher Nolan se sentiría orgulloso. Que no se me malinterprete aquí. La novela de Jenny Offill no cobija trama alguna de ciencia ficción, los mundos paralelos que plantea este Departamento de especulaciones se reducen a cartas entre amantes que divagan sobre qué será de ellos. Pero hay algo poderoso que sobrevive tras las sutilezas de la prosa de esta novela.

lunes, 18 de abril de 2016

Jack

No sé qué estaba haciendo hasta ahora. A qué autor estaba enarbolando como el buque insignia de la literatura norteamericana. Estaba equivocado. Olvidad todo lo que os he dicho hasta la fecha de mis autores favoritos. Olvidad que una vez pensé que la letras estadounidenses estaban agotadas. Porque había postergado a una de las mejores narradoras del equipo yankee. Y es que, con tan sólo su primera novela, esta señora ya me ha conquistado. Ya me ha obligado a localizar sus otras nueve historias que había puesto en lo más bajo de la pila. Claro, ahora todo lo que lleva sus iniciales acaba de pasar a primera división. Y sí, este Jack es muy bueno. Pero es que creo que la mente pensante que hay detrás tiene talento para mucho más. Y es esta promesa de lo que está por venir, lo que me hace recomendaros a la maestra de la situación cotidiana truncada. Dejadme que os hable de Amy Michael Homes. 

jueves, 31 de marzo de 2016

La reina de las nieves

He pasado todo el invierno enterrado en mantas. Me he ocultado del mundo de manera consciente. Quería pasar todos los meses fríos olvidando todo aquello que sucedía más allá de mi ventana. Y lo he conseguido. He leído más despacio de lo normal y he bebido más café del necesario. No sabía que los humanos pudiésemos hibernar de manera tan eficiente. Pero ha llegado la primavera. Y Michael Cunningham, con una novela que te da un toque de aviso para dejar ir o para comenzar.

Sí, ha tenido que llegar La reina de las nieves para que entendiese que el tiempo de las cerraduras había llegado a su fin. Ahora bostezo y escribo sobre gente perdida que se busca entre las calles de Bushwick. Aireo el nórdico en el balcón como si fuese un futón y recomiendo encarecidamente sin levantar la voz la última novela del ganador del Pulitzer por Las horas.

lunes, 7 de diciembre de 2015

A mí no me engañas

Hace dos años tuve la suerte de cruzarme con la escritora de cuentos más extraña que he tenido el gusto de conocer –con el permiso de Lorrie Moore-. Magia para lectores fue todo un descubrimiento maravilloso que no pude dejar pasar por alto. Lo grité a los cuatro vientos. Lo adopté como filosofía de vida. Enarbolé sus páginas en fiestas y eventos. Sin duda, creía que era una experiencia que no volvería a repetirse. Una conjunción planetaria única que hizo que las historias de esta señora cruzaran el Atlántico hasta llegar a mi puerta. Y ahora, inesperadamente, Seix Barral vuelve a traducir su última tanda de cuentos que ha tardado en hornear casi diez años. ¿Es para tanto esta maldita Link? Lo es. Lo es. Lo es. Y no sólo lo digo yo. Lo dice todo el mundo. Gente que conozco y gente no. Gente que ya no respira y gente hecha de otra pasta. Porque si algo tenemos en común los seres vivos de Este Lado y los del Otro Lado, es que no existe árbitro mejor que ella para controlar el juego sucio entre bandos. 


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Justicia Auxiliar

La culpa de todo la tiene Radiohead. La culpa de que me haya gustado tanto esta novela. Son muchos los premios que hablaban de las bondades de Justicia Auxiliar, sobre la dificultad de su entramado y sobre los matices del mundo que Ann Leckie crea para gusto y refinamiento de mentes intrépidas. Pero todo esto no valdría de nada, si antes no me hubiese enamorado como un estúpido de Paranoid Android y las posibilidades de que una inteligencia artificial saque los pies del tiesto. Y es que esa distancia entre la obediencia y el reseteo tiene en mi fuero interno banda sonora propia. Ok Computer es una declaración de amor a la rebeldía pasiva. Justicia Auxiliar es una declaración de amor a todo lo contrario. Y como si fuesen elementos interconectados, no puedo explicar una cosa sin la otra. Claro que yo he venido aquí a hablar de libros. Por lo que intentaré centrarme en por qué deberías estar leyendo la novela de ciencia ficción más potente del año. ¡Amantes de la fantasía épica y de Blur, absteneros de seguir leyendo!

martes, 3 de noviembre de 2015

La mujer comestible

Margaret Atwood irrumpió en mi vida con una visión del futuro aterradora. El cuento de la criada nos presentaba un mañana totalitario en el que la religión gestionaba el cuerpo de las mujeres y las clasificaba por colores en función de su papel en la sociedad. En mi segunda incursión en el mundo de la autora canadiense miro hacia atrás, hacia su primera novela, buscando el origen de su prosa y de sus ideas. ¿Y qué he encontrado? De nuevo, el desasosiego de la mujer provocado por sus múltiples y poco edificantes roles. En este caso, la presión externa se manifiesta en la boca del estómago. Tragarse a uno mismo es el recurso fácil para desdibujar ideas y pensamientos propios. Atwood no alcanzaba ni los 30 años cuando nos dejó un punto de partida fascinante, un comienzo en su bibliografía que me ha dejado con hambre de más.


sábado, 3 de octubre de 2015

Teoría y práctica del amor

Desde que supe de la existencia de la novela de Scott Hutchins no pude dejar de pensar en ella. Todo el potencial de la inteligencia artificial dentro de los confines de esa ciencia ficción sutil y elusiva propia de los autores que no frecuentan el género. San Francisco de fondo y un declive sentimental fueron los dos elementos que me hicieron decidirme. Lo cierto es que todo vibraba con una intensidad mayor de la esperada debido a la referencia directa en mi cabeza a Her, mi alma gemela cinematográfica. ¿Podría ser Teoría y práctica del amor una prolongación literaria de la película que me quitó el sueño durante todo el pasado año? Admito que es algo terrible, eso de volcar aquello que se ha acabado y que no somos capaces de dejar ir en un nuevo formato para otorgarle una segunda vida. Para otorgarnos una segunda oportunidad. Es terrible e inmaduro. Y toda la novela de Hutchins trata justo eso. Por lo que mi incapacidad para cerrar capítulos se convirtió en metaficción gracias a un divorciado, un ordenador y un padre ausente.


sábado, 15 de agosto de 2015

Hombres sin mujeres


Desde que tengo uso de razón literaria siempre he tenido un libro de Haruki Murakami pendiente. Y aunque no sé si podría entrar dentro de la categoría “autor prolífico”, lo cierto es que el racionamiento de sus obras han creado una sensación de perpetua presencia. No conozco a nadie que haya sufrido una sequía murakaminiana. Este paquete de cuentos me remiten directamente a aquéllos que yacían dentro de Sauce Ciego, Mujer Dormida. Aquél fue mi primer encuentro con la narrativa breve del japonés, un laboratorio de experimentos con fluorescentes parpadeantes que otorgaron a mi idea de tiempo y espacio un salto evolutivo. Esto lo digo porque he olvidado muchos pasajes de sus novelas más emblemáticas, pero tengo aún arraigado dentro a un hombre que usa pasta italiana para aislarse o la contemplación de los males del mundo en el vómito provocado por un consumo excesivo de cangrejo. Sí, Murakami es ortodoxo en sus novelas y un espíritu kitsune en su narrativa breve. Estos siete cuentos vuelven a dejar claro la viveza de la fantasmagoría contemporánea. Porque, ¿qué es una historia de una ausencia sino una historia de fantasmas?

viernes, 7 de agosto de 2015

Yo te quise más

Alguien con quien me acostaba me dio a conocer a Spanbauer. Era un libro usado y escrito en los márgenes que hablaba sobre vaqueros, padres ausentes y formas de follar nunca antes vistas. Ya se sabe que aquello que entra con sudor suele tener una permanencia mucho mayor en nosotros. Todo lo que sabía sobre literatura cambió en ese instante. Todo lo que sabía sobre sexo e identidades cambió también, pero un poco más tarde. Ambos descubrimientos no tienen conexión alguna, pero las circunstancias fueron prácticamente las mismas. El contexto lo es todo. McLuhan estaba equivocado. No es el medio, sino el contexto lo que es el mensaje. Y ahora, cada siete años, Spanbauer vuelve a mi puerta como todos esos hombres intermitentes que vuelven a cualquier lugar conocido tras una cacería interminable. En este caso, el tío Tom trae una novela sobre la capacidad de transformarnos ante aquellas personas que llegan a nuestra vida en el momento exacto. El contexto es el mensaje. El momento es el mensaje. El sexo es el mensaje. McLuhan no sabía nada de la vida ni de cómo es eso de follar entre hombres.

viernes, 19 de junio de 2015

Gracias por la compañía



Las primeras citas son lo único que nos ha quedado de la idea clásica de purgatorio. ¿Quién no ha fingido alguna vez ir al baño para pasar por caja y pagar su parte de la cena antes de salir por la puerta de empleados? Existe toda una literatura sobre primeras veces porque hay material suficiente para hablar de ello hasta la siguiente fase evolutiva, una mucho más sabia en la que, a la hora de conocer a alguien, se te ofrece un estudio de mercado, un análisis psicopedagógico y una serie de entrevistas breves con familiares y amigos cercanos al sujeto en cuestión. Sí, las primeras citas sacan lo peor de ciertas personas, concretamente de aquellas que se sientan frente a ti. Mi primera cita con David Foster Wallace fue un error absoluto de fondo y forma. Me pareció insoportable y repulsivo. Mi primera cita con Lorrie Moore me pareció algo mucho más terrible. Y es que no hay nada peor que aquello presumiblemente divertido. Aquello que te subraya Ríase Aquí. Con Foster Wallace pude resarcirme. Admití mi error y acabé claudicando ante el talento de este señor con problemas severos de sudoración. Ahora, la justicia cósmica ha puesto a Moore otra vez en mi camino. Y, para mi sorpresa, me ha gustado, me he reído y he podido relajarme un poco en el tú a tú. Quizás es hora de que empiece a asimilar que lo que sale mal en todas mis primeras citas soy yo.

domingo, 7 de junio de 2015

Los Tejedores de Cabellos

¿Qué hago leyendo una novela alemana de ciencia ficción que fue publicada en 1995? No puedo evitar responder a eso con otra pregunta ¿qué haces que no la estás leyendo tú? Porque hay algo dentro de Los tejedores de cabellos que se ha burlado del tiempo durante veinte años y sigue vivo y sigue nuevo. Algo en la historia de un planeta perdido y dejado de lado me ha secuestrado durante cuatro noches seguidas. Para que te hagas una idea, esta novela es como esas pelis indie que sólo puedes conseguir por canales ilegales, esas que tu culture dealer te insiste en que pruebes antes de que la Autoridad sea consciente de la filtración. Sí, aquí la autoridad, el tiempo y cosas injustamente olvidadas giran en torno a una misma idea: la capacidad de supervivencia de la belleza es inaudita y autorreferencial. Los motivos se mueren o se borran. Pero el acto de lo bello permanece intacto. En serio, os juro que es ciencia ficción.

domingo, 31 de mayo de 2015

La Nostalgia Feliz

Nothomb y Japón es un binomio cuya eficacia ha quedado demostrada en más de una ocasión. El histrionismo orgánico de la belga casa a la perfección con la excentricidad zen de la cultura nipona. Han nacido el uno para el otro, nacimiento que hemos presenciado en primera persona en Metafísica de los tubos. Amén de su ruptura dolorosa acaecida en El sabotaje amoroso y su regreso laboral y sentimental en los años 90 a través de Estupor y temblores y Ni de Adán ni de Eva. Sí, la relación de estos dos elementos es prolífica y poliédrica. Pero lo que acabó cerrado, vuelve a abrirse. Y es que tras este título antitético, La nostalgia feliz, se esconde una concepto raro y necesario del japonés, así como una vuelta de tuerca no tan satisfactoria como lo esperado de Nothomb y su fascinación por la tierra de los samuráis. No en vano alguien dijo que uno nunca debería regresar tiempo después a aquellos lugares en los que fue feliz. Ni siquiera por nostalgia.